viernes, 3 de febrero de 2017

LA PRIMERA CLASE

(El escenario de la primera clase del próximo taller de escritura dramática me lo imagino en un juzgado donde la profesora es la juez y los alumnos se quejan de...)
JUEZ.-
Que se presenten los litigiosos.
 ELLA.-
Mi nombre es Primavera, me encuentro en el último curso de arte dramático y tengo una batalla constante con los monólogos; me he apuntado a este taller para poder escribirlos de mil maneras diferentes y así firmar la paz con ellos.
EL.-
Mi nombre es Invierno, estoy jubilado y soy vitalista; lo que quiero es aprender a transmitir mi optimismo pero dando palos a diestra y siniestra con un escozor que se aguante, con técnica...
JUEZ.-
Vale, vale... y ¿de que se quejan?
ELLA.-
Yo creía que a este taller vendrían compañeros de mi edad y lo que me encuentro es a éste viejo carcamal; es como si mi Padre me siguiera vigilando y así es imposible concentrarse para escribir...
EL.-
A mí no me importa los compañeros que pueda tener, pero no hay manera de aguantar a alguien que siempre está haciendo yoga; la musiquilla del mantra me pone nervioso e impide concentrarme.
JUEZ.-
Probaremos con una clase donde Ud (dirigiéndose a ella) estará sentada normalmente y adoptará el personaje de atea recalcitrante sin que él pueda percibir ningún tic ritual.
Y Ud (dirigiéndose a él) permanecerá todo el tiempo, haciendo las tonterías características de un adolescente en la pubertad, para que ella no tenga ni un atisbo de recuerdo paternal.
Si lo superan se podrá seguir con el taller, sino se suspenderá.
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