LA AGONÍA Parte 1
Viajaba en tren y por el altavoz oí ¡Atención viajeros! Próxima parada estación Término, final del trayecto. Al bajar, una serpiente me perseguía, dibujando el silencio, su movimiento armónico, era un juego de espejos, cóncavo uno, el otro convexo.
Yo le grito: ¡No me persigas! Que todavía no ha llegado mi tiempo.
Oigo voces a lo lejos ¡ Las estrellas para quién las sueña! El poeta músico gritó. Solo somos lo que percibimos le contestó en eco un actor.
El burlón tiempo cuando llegue el momento, jugará a ser metáfora del agujero negro; lo que solo son unos instantes para los que se quedan, resulta una eternidad, para el que se va.
Al salir del quirófano y entrar en la habitación, empecé a divagar sobre lo cuántico y la teoría de la relatividad…
¡Pobre Albert Einstein! El judío ateo creía que Dios existía y que además, no jugaba a los bolos. Eso, no contradecía su Teoría de la Relatividad, pero cuando se puso a investigar el quantum, tuvo que fumarse cinco porros, tras comprobar, que en este mundo tan absurdo, si hay un Dios al que adorar, este solo puede ser ¡El Azar!
Y es que desde que la célula comenzó a clonarse
ya no es necesario que Yin fornique con Yan.
Todos pintan blanco sobre fondo blanco
¡Es el triunfo de la nada! ¡Supracromatisme!
Dijo Dalí.
Cuando Sientes cerca, muy cerca, la nada
y todos los conductos al exterior están rotos,
aunque fuera, solo transcurren unos instantes,
dentro, el tiempo se estira y se estira
y ante tí pasa toda tu vida
en una gran película cuántica.
Si logras olvidar los malos momentos
y te acuerdas solo de los buenos
como por ejemplo, las caricias,
las dadas y las recibidas,
esbozarás una gran sonrisa.
Entonces piensas ¡Coño!
Si lograra transmitir esta sonrisa
a los que me recuerden cuando yo, ya no esté,
sería un buen testamento, para este
Nihilista Epicurano, Aprendiz de Titiritero;
y entonces, con la que estaba cayendo
eufórico, se puso a blasfemar
en medio del aguacero, pero Dios
que tenía por amigo a este raro ateo,
en vez de un rayo le envió un lucero;
produciéndose el milagro
que en el último partido
próximo a acabar
el Determinismo estaba siendo goleado
catorce a cero por el Azar.
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