… y mi máximo respeto y admiración
para todos aquellos que pudiendo
soportar, las absurdas paradojas de esta vida
y adelantaron su tiempo de partida.
LA SIMA DE LOS SUEÑOS ROTOS
es un cañón, visible solo,
porque de las grietas
de sus verticales paredes,
cuelgan sangrantes amapolas
formando un altar de epitafios
con los gritos de los poetas suicidas.
Dicen algunos de ellos:
Desde el castro de mi aposento
cuando miro hacia el oeste
lo que veo en el horizonte
es el cementerio, allí,
como en todas partes,
el sol muere entre los muertos.
Volando voy y tras de mí
las fieras
en mi lucha con la nada
aquí muerte, allá presidio.
No podemos sentarnos en
el banco de la inocencia
porque la madera, de mala conciencia,
está mojada. Burlones,
el moho y lo salobre bailan.
El día que descubrí la quimera
desenmascaré la esperanza,
perdida en el silencio de
las oraciones fantasmas.
La muerte es un maestro venido de la nada;
juega con las serpientes y sueña,
esperando que en la fuente de sus ojos
un ahorcado estrangule la soga.
Cuando la inocencia ante lo injusto
¡Grita!
El miedo ante la duda se agrieta.
En la larga siesta de la víbora
duerme también el alma.
¡Es el sopor de la indigestión de sapos!
En el ángulo oblicuo de los limbos
tiemblan los aposentos donde los poetas sueñan
porque la hoz del triángulo del agua
llegó la virgen del martillo
con el dios perro, contigo y su lengua.
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